Si vas a
quererme tienes que saber que mi mundo es extraño, muchas veces sombrío y
profundo, otras muchas esplendoroso y rutilante.
Y si vas a
quererme tienes que conocer el lado oculto de mi luna, tienes que conocer mis
días grises y mis noches oscuras.
Tienes que
conocer mi llanto desesperado, mi grito ahogado.
Tienes que
saber de mi dolor, de mi cuerpo maltrecho, y de mi mente dañada.
Saber que
no viajo sola, quién me acompaña en esta lucha diaria por seguir avanzando.
Compañía
que me lastra, que me maltrata, que por momentos me destroza, me rompe.
Mi
fibromialgia y mi espalda son mi Espada de Damocles, constantemente penden
sobre mi cabeza, sólo que con la mala fortuna que en lugar de una crin de
caballo; mi particular espada está suspendida por un hilo elástico, lo que la
hace bajar y dañar, subir y dar tregua, y así en una oscilación continua.
La espalda se suma al dolor, es delicada, pero cuidándola un
poquito nos llevamos bien, los 10 interminables meses de corsé sirvieron de
algo, he interiorizado los movimientos, las posturas y los límites, de manera que controlando mis límites minimizo el dolor.
Pero mi
amiga la Fibromialgia, eso es otra cosa, otro mundo, sombrío y despiadado.
Así que, si
vas a quererme, tendrás que hacerlo con mi ritmo más lento, porque necesito
descansos y mi cuerpo no admite las prisas; con mis noches insomnes y mis días
de sueño; con mis crisis de dolor que a veces me desesperan; con mis cambios de
humor inducidos por el sueño, el dolor, la rabia, la impaciencia y el pesimismo
que en ocasiones no puedo evitar; con mis tratamientos, mis reacciones
alérgicas, mis continuas visitas médicas. Tendrás que quererme con mi mente
nublada, mi mala memoria, mi lenta reacción.
Pero, sobre
todo, tendrás que quererme con paciencia, con comprensión, con mimo y cuidado.
Tendrás que
aceptarme, apoyarme, animarme, estar a mi lado, porque eso, todo eso, es lo que
yo exijo y ofrezco, es lo que necesito y doy.