Mostrando entradas con la etiqueta Débil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Débil. Mostrar todas las entradas

Que soy grande.

Que soy grande, coño.
 Por supuesto que sí, que valgo, soy fuerte, valiente y dura.
Pese a que a veces me olvide, me derrumbe y llore, lo sé, sé que soy grande.
Mi autoestima es el espejo donde me miro, y aunque en ocasiones haya quien se obstine en empañarlo, en taparlo para que evite sentirme así; yo lo sé, soy grande.
Y ni palabras envenenadas, ni miradas cargadas de inquina y por supuesto ni mentes controladoras y perversas pueden conmigo.
Que soy débil y frágil, sí, también   lo sé; pero lucho, me afano, me esfuerzo por estar bien, por ganar cada batalla en esta guerra que va durando demasiado y que me acompañará de por vida.
Son batallas a las que me enfrento a diario, a veces simples escaramuzas por un esfuerzo mal hecho, pequeñas contiendas por una mala postura, pero batallas a las que me encaro todos los días.
Pero otras veces son grandes cruzadas que a veces pierdo, pero de las que siempre aprendo y salgo reforzada para la siguiente ofensiva; soy grande, lo sé.
No obstante, esta continua riña me debilita física y mentalmente; son demasiados momentos malos, demasiado dolor, demasiada ansiedad, demasiadas interrupciones a mi vida, demasiadas normas…..demasiados demasiado.
Y aunque me esfuerce para controlar este cansancio mental, psicológico, a veces me quedo arrinconada por el desánimo, en un rincón oscuro, tétrico y sombrío, donde nada tiene sentido, razón de ser, donde pierdo mi espontaneidad, mi alegría, mi ilusión. Pero salgo, siempre salgo de ese rincón.
Siempre busco reencontrarme, relajarme y centrarme en mí, en respirar, en "ser" y "estar", y pongo en orden mi cabeza, priorizo y ordeno; dejo de lado lo secundario, lo que no me hace feliz, y me centro en lo que amo, lo que me identifica y decido cuidarme, volver a ser yo, porque yo, soy grande.


Yo sólo quería llorar.

    Yo sólo quería llorar.
    Pero el mío es un llanto reprimido durante meses, años, quizás.
    Un llanto sometido por la conciencia, por la educación.

   Y yo sólo quería dejar correr las lágrimas, desahogarme, sacar el miedo, la inseguridad, la ansiedad que me angustia por dentro. Pero no es fácil, no lo es, porque nadie escucha, no estamos preparados para dejar llorar a alguien a nuestro lado.

   En cuanto le dices a alguien cercano, hoy estoy mal, su respuesta inmediata es, "venga, va, no digas tonterías, si estás de maravilla", o te sueltan algún comentario jocoso, que no hace más que hacerme sentir peor, una quejica, débil.

   Y una broma tras otra, que a mí me sientan como un golpe a mis sentimientos, a mi orgullo, a mi autoestima, que por momentos se va debilitando ya que irremediablemente no puedo evitar pensar…..será verdad que soy frágil, delicada, pusilánime. Y me dan ganas de callarme, dejar de hablar y olvidarme de esa persona, porque una vez más, y ya son muchas en estos años, me siento incomprendida.

    Que sí, que todo va perfecto mientras me mantengo activa y positiva, vital y optimista,  cuando enarbolo mi bandera de "Siempre adelante", en esos momentos todos son vítores y aplausos;  pero cuando decaigo, cuando me hundo un poquito, porque al fin y al cabo soy humana y a veces me siento sola y perdida. En estos momentos son pocos, muy pocos, por no decir nadie,  lo cual me parece muy triste reconocerlo; en estos momentos malos, no hay nadie que de verdad me diga, ven, cuéntame, llora y desahógate, grita y patalea, que yo estoy aquí a tu lado, tienes mi hombro, un abrazo, un silencio que no va a interrumpir tu llanto.

    Pero es normal, no culpo a nadie, porque no es fácil ver llorar a una persona, verla sufrir; pero no es fácil porque somos egoístas y nos incomoda, y queremos que acabe ya, para sentirnos mejores personas, por haber conseguido la contención de sentimientos que no sabemos manejar. Y la persona que está frente a nosotros mientras lloramos no es consciente de lo importante y valiosa que es para nosotros, puesto que no nos mostramos vulnerables ante todo el mundo, sino, sólo ante personas de nuestra total y más profunda confianza.

    Y si te paras a pensar tampoco es tan difícil estar junto a alguien que necesita desahogarse en forma de llanto, fundamentalmente consiste en acompañar, simplemente estar en silencio y calma frente a la otra persona; y hacerle ver que estar triste y llorar  es  una emoción más, totalmente aceptable y necesaria y que todos hemos sentido en algún momento de nuestras vidas.

    Asimismo, personalmente entiendo que el llorar o la tristeza es una gran oportunidad para profundizar en el autoconocimiento, todo tiene siempre una parte positiva, y el llorar, además de otras razones fisiológicas beneficiosas; te permite poder prestar atención más fácilmente a tu interior, y conocernos mejor, ya que nuestros sentimientos y emociones se encuentran a flor de piel, más accesibles que de costumbre. El llanto nos permite ver cómo nos tratamos, cómo nos consolamos, qué nos decimos en esos momentos, si nos permitimos estar tristes y llorar, o si por el contrario nos castigamos, con frases crueles y dañinas que inconscientemente nos repetimos, lastimándonos , bien porque es lo que siempre hemos oído, bien porque es lo que pensamos.

    Y es bueno el llanto también porque ayuda a reducir el estrés emocional que acumulamos por diversas razones, y de ésta manera, al liberal estrés, además disminuye el riesgo de una gran variedad de enfermedades causadas por el estrés.

Hoy también tengo Fibromialgia

      Hoy también tengo Fibromialgia, porque la fibro no sólo es dolor.           La fibromialgia son limitaciones, son miedos, incertid...