Cosas de la Fibromialgia

         

         La cosa no va bien, no.

      Perdón por empezar tan negativamente, pero más que negatividad es realidad; qué yo soy positiva, pero no tonta, y sé cuándo mi cuerpo está entrando en crisis y no me responde.



    Y aquí estoy, aún no son las tres de la madrugada y ya estoy aburrida de estar despierta.
       Jodido ¿verdad?
     

     Y mira que llevaba unos días buenos, de esos que dices, oye pues no me duele mucho hoy, me encuentro bien. Esas palabras exactas se las decía a mi pareja el domingo. Era verdad, llevaba varios días buenos, en los que el dolor estaba reducido a su mínima expresión.


     No vayáis a pensar que la fibromialgia, el dolor crónico dejan de existir, no, no, nada de eso, el dolor se reduce, en la Escala Visual Analógica, EVA, que se utiliza para medir el dolor entre 0, mínimo y 10, máximo; esos días había descendido a un 3 o un 4; cuándo mis niveles normales se mueven entre el 6 y el 8, siendo optimista, y sin darle mucha importancia al dolor, (porque como ya he contado, el dolor es subjetivo y mi optimista 6, es un 10 para una persona con peor aceptación y manejo del dolor, pero no voy a entrar ahí, aunque hace tiempo que quiero explicarlo)
     A lo que iba, estaba feliz yo porque el dolor era muy llevadero, apenas cojeaba al levantarme, la espalda casi ni me molestaba, mi estómago se comportó, las manos no me daban calambres ni me dolían, dormía bastante bien; un lujo vamos. 
     Pero claro, mi amiga la fibro lleva muy a rajatabla el estúpido dicho de "lo bueno si breve, dos veces bueno", porque digo yo, que, si es bueno, coño pues que dure un poco más, ¿no?

      Y de esta manera el lunes empezó a acabarse lo bueno, de una extraña manera, porque no es que volviera a incrementarse el dolor, no; es que estaba cansada, como cuándo un trabajador vuelve a casa después de 10 o 12 horas de trabajo, (alargo la jornada para que os podáis hacer una idea más clara), llega a casa muerto, con ganas de tirarse en el sofá y poco más. Pues así estaba yo el lunes a las 11 de la mañana, así que pasé el día haciendo lo mínimo; y mi estómago volvió a las andadas.
       Llegó el martes, en pie a las seis, ducha y a trabajar, hasta ahí bien, (es raro, pero yo por las mañanas no presento la típica rigidez de la fibromialgia, me activo en cuanto suena el despertador), pero hacia las 9 de la mañana empiezo a sentir una pesadez tremenda, una falta de energía alarmante, me sentía como si me fuera a caer en cualquier momento, porque sencillamente no era capaz de mantenerme de pie. Necesité sentarme en más de una ocasión, mientras trabajaba, para descansar, para intentar recuperar fuerzas, pero no, no lo conseguía.
        Mientras en mi cabeza las ideas fluían a una velocidad de vértigo, será la tensión...pues me tomo una coca cola...será el azúcar, voy a desayunar... será el cuello...no, no me mareo, es sólo que la gravedad actúa con una fuerza inusitada y me voy a caer al suelo...será ansiedad, repaso mental rápido, no, no lo es..... será qué ayer hice un sobreesfuerzo, no, no hice nada raro...será qué comí algo raro; tampoco, y así a la velocidad del rayo pasaban ideas, una tras otra y no encontraba solución ni sentido a mi malestar.


      De manera que algo asustada y sin energía me fui a mi médico de atención primaria, evidentemente no tenía cita, así que me pasaron de urgencias; y ahí estábamos de nuevo, frente a frente. Le describo lo que me sucede, "la verdad es que tienes muy mala cara" y empezamos a comprobar niveles, tensión, azúcar, oxígeno en sangre, pulso, respiración.... todo perfecto. 
     Comprobamos las últimas pruebas, este año llevo:
. - 4 analíticas de sangre
. - 2 analíticas de orina (1 de 24 horas)
. - 1 analíticas de heces
. - 1 resonancia magnética de la zona lumbar, para revisión de mis fracturas
. - 1 TAC del cuello para ver por qué me mareaba.
. - 1 TAC del estómago por el tema diarreas.
. - 1 Colonoscopia por el mismo problema.


     Y no hay nada relevante, así que no sabemos de dónde viene esa fatiga, esa falta de energía. 
     Comprueba que no tengo fuerza ninguna en las manos, y mientras hablamos le explico que incluso me cuesta hablar, y que estoy haciendo un gran esfuerzo por mantenerme sentada, erguida, cuándo lo que me gustaría es apoyar la cabeza en su mesa y descansar. Menudo panorama.

     Hablamos y hablamos, voy de su consulta a enfermería, y otra vez de vuelta, y seguimos hablando; no encuentra explicación lógica, más allá de la fibromialgia, claro, así que me receta un psicoestimulante y a casa; y si la cosa no mejora, al hospital, a ver si allí pueden hacerte más pruebas y encontrar el motivo. Cosa que dudo, porque ya puedo augurar que cuándo entre por la puerta del hospital, en el primer triaje en cuanto escuchen la palabra fibromialgia, me dan la pulserita azul, que viene a significar que cuándo acaben con todas las urgencias, si el médico se aburre y aún le quedan ganas de trabajar, después de una guardia de no sé cuántas horas, entonces, me verá.


     Soy bastante reacia a ir a urgencias al hospital, ya que considero que están para cosas verdaderamente urgentes, no para tengo mocos y fiebre, o me han salido unos granitos; estas cosas, estas consultas atascan las urgencias de cualquier hospital, (quiero pensar que es así y no que sólo somos tontos en Alicante).

      Antes de seguir, no puedo evitar contar, qué el médico con mayor empatía, el más cercano, más amable, lo encontré en urgencias, cuándo por las vértebras fracturadas tomaba una dosis alta de vitamina D, lo que me ocasionó diversos problemas de riñón, acabando hasta 4 veces en una semana en urgencias, (sí ya sé que he dicho que soy reacia, pero aquí os quisiera ver con piedras, un riñón inflamado, infectado y no sé qué cuántas cosas más), total que acabé ingresada una semana y me traje a casa de recuerdo un bonito Catéter doble J durante casi un mes. Ese médico mientras yo me retorcía de dolor, venía a verme, cogía mi mano, me animaba, se quedaba conmigo unos minutos; tengo que hablar sobre esa experiencia, un día lo contaré, porque realmente fue una época complicada.

     Ahora volvamos al día de ayer; con mi nueva medicación volví a casa, y me metí en la cama, sin fuerzas, totalmente agotada. Es complicada de explicar la sensación, digo agotada, pero no es real, porque cuando estás cansado te tumbas, reposas, y al rato te encuentras mejor, pero no es mi caso. 
    Lo que yo sentía ayer era falta de energía, de fuerza, la impresión de que no era capaz de soportar el peso de mi cuerpo y me iba a caer, el no poder levantar un brazo porque no tenía fuerza para hacerlo. 

    Así que, puesto que no podía hacer otra cosa, pasé el día en la cama, sin dormir, (que sé que alguien ya está pensando, claro por eso no duerme esta noche, se pasó el día en la cama durmiendo), de un lado a otro de la cama, colocando cojines y almohadas de mil maneras distintas, porque no nos olvidemos que tengo la espalda mal y a mi querida fibro, y para ambas, lo peor que hay es pasar un día metida en cama sin moverte. 
     Se me hizo el día largo, muy largo, estar sola cuando te encuentras tan mal no se lo recomiendo a nadie, siempre viene bien saber que hay alguien por la casa que de vez en cuando asoma la cabeza y te pregunta qué tal vas. Pero no, yo ayer pasé casi todo el día sola, porque mi hija tiene clase por las tardes. Así que cuando llegó, agradecí enormemente que se tumbara en la cama conmigo un ratito, para hablar, jugar con el móvil, hacerle cosquillas, porque aún sin energía, ese ratito no lo cambio por nada; tiene 16 años y todavía nos tumbamos un rato todos los días en la cama y hacemos el tonto, ojalá no cambie nunca, que no perdamos esa conexión, esa magia que tenemos.

      Y con eso me quedo, con que, a pesar de todo, de la enfermedad, del dolor, de la falta de energía, tengo una estrella que siempre ilumina mis noches en vela, que me hace soñar despierta, que con tan sólo mirar el océano azul de su mirada, me recuerda que seguiré SIEMPRE ADELANTE, porque la vida, mi vida es maravillosa y tengo lo mejor del mundo, mi hija.
     Te quiero Emma.

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